LA CONSTRAUCCIÓN DE LA OTREDAD COMO PRÁCTICA DISCURSIVA DE LA COMUNIDAD IDEOLÓGICA INSTITUCIONALIZADA, LA EXPERIENCIA RURAL DE LA PREPA IBERO PUEBLA. TESIS DE DAVID ALEJANDRO GARCÍA SOTELO.
LA CONSTRAUCCIÓN DE LA OTREDAD COMO PRÁCTICA DISCURSIVA DE LA COMUNIDAD IDEOLÓGICA INSTITUCIONALIZADA, LA EXPERIENCIA RURAL DE LA PREPA IBERO PUEBLA. TESIS DE DAVID ALEJANDRO GARCÍA SOTELO.
La pregunta sobre el otro es la pregunta sobre la diversidad humana. Todorov indica que el cuestionamiento sobre la otredad incide directamente en poner en tela de juicio el sentido de la unidad e igualdad de lo humano. Respecto de la diversidad se pregunta si formamos una sola especie o si somos varias, mientras que desplazandonos al problema de los valores, se cuestina si existen valores universales o si son relativos. Estas dos perspectivas sobre la diversidad humana nos ubica en relación a un aspecto opuesto a su constitución: lo no humano. Lo normal, lo establecido y previamente dado, lo ordenado, lo propio se confronta con lo ajeno, lo desordenado, lo desconocido y distante. Así, la construcción de la otredad refiere a poner en tela de juicio los sentidos sobre lo propio en constraste, discusión y cuestionamiento de lo ajeno como proceso continuo que se manifiesta en la producción discursiva. La dicotomía enre lo propio y lo ajeno trasciende en el sentido en el que las sociedades se definen y definen al mundo considerando la existencia de otras formas de concebir la realidad, lo cula permite ubicar esse sentido del nosotros como un aspecto que concentra el sentido de la realidad, de tal manera que se depliegan acciones específicas de acuerdo a esa noción de lo propio en función de los otros.
La categoría de lo no humano se relaciona con un sentido de la otredad ya que la condición de extrañeza es esquematizada por dentro de un marco de referencia desde y a partir de lo propio, del nosotros que ubica al extraño y le atribuye una serie de sentidos, condiciones y juicios desde la experiencia propia, de tal manera que ese extraño carece de una escencia particular y de sentido primordial que implica la experiencia propia, el sentido que define el nosotros. Lo no humano condensa esa otredad que se ubica como lejana (o incluso cercana, pero sin pertenecer a la experiencia propia) y cuya lejanía se palpa en la carencia de la esencia particular del nosotros.
El cuestionamiento sobre lo humano en su diversidad supone para Todorov, un problema epistemológico puesto que la noción de nosotros dialoga directamente con la de los otros dejando entrever esquemas de categorización del orden de los objetos del mundo y la realidad en donde lo ajeno es una referencia a traves de la cual se genera una idea colectiva del nosotros. Supone un problema en cuanto a la serie de relaciones, prácticas y abordajes sobre la otredad en cuanto a cuestionamientos epistemológicos de orden religioso, político, filosófico o ético. Así, en distintos contextos históricos, las situaciones de encuentro de diversas sociedades hablan de contacto directo entre esquemas de construcción de la realidad que se oponen y donde la otredad es un problema crucial epistemológico que refiere a lo no humano. Según Todorov, el encuentro con el otro es un hecho social que supone un problema latente, un problema de identidad y diferenciación:
“Puedo concebir a esos otros como una abstracción, como una instancia de la configuración psíquica de todo individuo, como el Otro, el otro y otro en relación con el yo;o bien como un grupo social concreto al que nosotros no pertenecemos. Ese grupo puede, a su vez, estar en el interior de la sociedad: las mujeres para los hombres, los ricos para los pobres, los locos para los “normales”; o puede ser exterior a ella, es decir, otra sociedad, que será, según el caso, cernana o lejana: seres que todo acerca a nosotros en el plano cultural, moral, histórico; o bien desconocidos, extranjeros cuya lengua y constumbres no endiendo, tan extranjeros que, en el caso límite, dudo reconocer nuestra pertenencia común a una misma especie (Todorov, 2005, pag. 13)
Siempre existe un sesgo de etnocentrismo y desliegue de poder en función de la producción discursiva sobre la otredad, de tal manera que el procedimiento de las narrativas refiere a la concepción del otro en función de las propias matrices de conocimiento.
La otredad como problema es abordada por Roger Bartra desde una dimensión estructuralista en donde el otro (“el salvaje”) emerge como un mito que se ha reproducido en la historia desde las sociedades a pesar de diversos contextos o como derivación del contacto entre sociedades distintas. el mito dle salvaje ha prevalecido a lo largo de la historia.
Para Bartra, lo relevante radica en la permanencia del mito como referente estructural en la historia de la Europa occidental y su conformación en el contexto de diversos contactos entre las sociedades europeas y otros grupos sociales en distintas partes del mundo y coincide en el planteamiento con Todorov: el mito del salvaje en sus diversas manifestaciones y contextos históricos alude a la oposición de lo humano y lo no-humano, en el binomio estructural del nosotros/otros en donde la otredad funciona como un bricolage de signos que fundamentan un mito que perdura a través del tiempo y refiere a las mismas matrices estructurales que inciden en la construcción social de la realidad: es decir, en la conformación del sentido sobre los objetos y ámbios del mundo que se presenta como coherente aun en sus diversas representaciones.
El mito del salvaje y el problema del otro son elementos que emergen de la práctica discursiva en distintas representaciones y que alude a un ámbito histórico que acompaña a las sociedades en la constante configuración de su realidad en el mundo a partir de la ubicación de referentes que definen su propia existencia en la relación de la existencia de otros. Es necesario cosiderar que el proceso de construcción discursiva de la otredad también incorpora do perspectivas, la mismidad y la alteridad.
La alteridad establece una diferenciación entre los sujetos que intervienen en el encuentro de otredades. para Krotz Esteban:
Alteridad significa aquí un tipo de diferenciación. Tiene que ver con la experiencia de lo extraño. Esta sensación puede referirse a paisajes y clima, plantas y animales, formas y colores, olores y sonidos. Pero sólo la confrontación con las hasta entonces desconocidas singularidades de otro grupo humano -lengua, constumbres cotidianes, fiestas, ceremonias religiosoas o lo que sea- proporcionan la experiencia de lo ajeno, de lo extraño propiamente dicho (Krotz, 1994, pag 8)
La alteridad como experiencia de lo ajeno parte del contacto cultural que deriva en captar el fenómeno humano en su diversidad desde perspectiva egocéntrica, implica una paorximación sensorial a la dimensión de lo diferente a travéz de mecanismos de selección y enunciación. El contato cultural se traduce en experimentación de extrañeza cultural.
“... Un ser humano reconocido en el sentido descrito como otro no es considerado con respecto a sus particularidades altamente individuales y mucho menos con respecto a sus propiedades naturales como tal, sino como miembro de una sociedad, como portador de una cultura…” (Krotz, 1994, pag 9).
La aprhension de la alteridad implica un grado histórico de construcción discursiva ante el desconocimiento l el conocimiento parcial de la otredad, es decir, que el proceso de extrañeza está cargado de producciones discurivas que se derivan de experiencias vivenciales sesgades, interpretadas siempre desde el etnocentrismo y en contextos espefíficos hisóricamente situados, que se manifiestan en situaciones de enunciación en distintos niveles, como el insitucionalizado o la dimensión de procesos identitarios.
La mismidad. María Cecilia Colombani (2007) argimenta que siempre existirá un ámbito de discontinuidad en el momento en el que existe un encuentro entre lo ajeno y lo mismo. La mismidad, particularmente es el medio en el que se manifiesta una continuidad de los elementos que dan sentido a la vida cotidiana de un grupo particular; representa un nivel de homogeneidad y conservación de los criterios que otrogan certeza a los grupos humanos. Puede considerarse como un eje de poder, es decir, como una guía que permite la conservación y reproducción de memoria individual y colectiva.
Existen dos metáforas de la mismidad. Por un lado, la idea de que existe un nivel de irracionalidad ontológica en el otro en relación con la natural racionalidad de la mimidad, es decir, la sin razón. La sin razón es una característica inherente al otro que le conduce a actuar y no dejar de ser ese otro.
“...El otro suele estar, a partir del imaginario que venimos esbozando, en una posición inferior, en un estado menor directamente proporcional a esa menor racionalidad que parece marcarlo “naturalmente” (Colombani, 2007, pag, 24). en este sentido, la mismidad perfila una metáfora tecnológica (o metodológica) sobre el otro, dicha metáfora estableces los modos de operar sobre el otro a partir dle nivel de irracionalidad el otro con respecto a uno mismo. Los modos o técnicas de mirar, clasificar, fer, invisibilizar, clasificar, silenciar, dar voz, integrar violentar, separar o incluir al otro, emergen de esa dimensión tecnológica de la mismidad en relación con lo ajeno. Es necesario señalar, que en esta metáfora tecnológica sobre el otro, se identifica una dimensión axiológica en un segundo plano, la que establece la forma en la que uno mismo se instala ante el otro. La importancia radica en que dicha dimensión aziológica condiciona los términos donductuales que acompañan el encuentro.
El contaco con el otro supone un problema topológico y otro ontológico. Plano topológico, el momento y espacio en el se lleva a cabo el encuentro de los otros establece rupturas de certezas en las que la mismidad expone su sentido de lo familiar ante otra manifestación de esas certezas. En cuanto a la dimensión ontológica, en este tiempo y espacio, la anormalidad de lo ajeno irrumpe en los criterios de la identidad propia, por lo que se otro emerge con un nivel de riesgo, de miedo latente. A este miedo latente se le atribuyen significaciones de lo ajeno, de lo no humano o familiar 8lo extraño, raro, ajeno, xenos, exranjeros, etc.)
Colombani denomina como “técnicas de riesgo” ante la otredad a las acciones particulares como el encarcelamiento, el castigo, la evangelización la educación entre otras, constituyen una serie de actividades que históricamente se han desplegado en torno a la otredad, ya que su presencia es imposible de nutralizar y siempre irrumpe en los límites de lo propio.
Olga Sabino Ramos (2012) habla de los marcos vivenciales desde los cuales se experimenta la dimención de lo extraño. S planteamiento principal es que el extraño es un tipo particular de relación social que depende de un nivel de enunciación, es decir, el otro no existe en sí, el “locus” de la extrañeza radica en la experiencia de la interacción vis-á-vis en donde se da un trasfocameinto de proximidades. Se vive un desequilibrio de los campos identitarios. El contacto pone en relieve la coexistencia de otredades que conllevan un nivel de riesgo de ruptura de tales fronteras sensibles y primordiales. Es en este proceso de extrañeza en donde se comprometen condiciones de enuciación y acto de relación con una clave de interpretatividad o de traducción de la extrañeza. La vivencia d ela extrañeza pone en tiemp y espacio la irrupción de sensibilidades, al mismo tiempo en el que se reinterpretan los sentidos de riesgo y distancia que existen entre los agentes de la otredad que intervienen en el contacto directo.
A partid de las propuestas sintetixadas se rescata la noción de construcción de la otredad como un proceso sociocultural que emperge en contextos históricamente situados desde la producción discursiva que realizan sujetos o grupos sociales en torno a referentes culturales o grupos sociales que manifiestan un criterio de extrañeza en tanto que representan aspectos que denotan conductas o pautas ajenas, distintas u opuestas a una noción de lo propio o el nosotros. La construcción d ela otredad es un proceso que alude a los esquemas estructurales de sentido de la realidad que un grupo realiza en función del contacto o ubicación de un “otro” que le permite a través de su significación, reafirmar esquemas que particularizan la experiencia propia en un mundo, de tal manera, que en la prefiguración de la otredad, existe un nivel de implicación de la existencia propioa.
El proceso de construccióin de la otredad se desarrolla desd eun enfoque de alterirdad en cuanteo que la ubicación de la otredad se realiza en base en la distinción con respecto de ese otro: los aspectos que lo diferencian de lo propio, su distancia cultural y su nivel de extrañeza. mientras que la construcción de la otredad desde el enfoque de la mismidad refiere a la figuración de la otredad desde experiencia propia, desde el sentido que define el nosotros y desde el cual se ubica al otro. La otredad cultural se transmuta en el extraño o el otro en cuanto se requiere un referente empírico al cual se atribuirán los sentidos de la otredad y de los cuales se adoptarán tecnologías o procedimienos con respecto a ese extraño, según la escala ecaluativa y moral del grupo que ubique a esa otredad (tortura, evangelización, conquista, tolerancia, etc.)
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